¿En qué se diferencian las células cancerosas de las normales?
Russell Jenkins, MD, PhD
Las células cancerosas comienzan igual que todas las demás células del cuerpo. Entonces, ¿qué sale mal? ¿Qué las convierte en las células dañinas y devastadoras que nos esforzamos tanto por eliminar?
Russell Jenkins, MD, PhD, especialista en cáncer de piel de Mass General Brigham Cancer Institute, explica en qué se diferencian las células cancerosas de las sanas. El Dr. Jenkins trata principalmente a pacientes con melanoma, la forma más grave de cáncer de piel.
¿Qué es una célula cancerosa?
Todas las células del cuerpo tienen información genética llamada DNA (ácido desoxirribonucleico). Un error en el DNA puede hacer que una célula crezca y se multiplique demasiado.
“El crecimiento celular es como conducir un automóvil. Normalmente, hay frenos y aceleradores que permiten que las células crezcan de forma controlada”, explica el Dr. Jenkins. “Pero en una célula cancerosa hay un bloque de cemento sobre el acelerador, y el automóvil sigue avanzando sin parar.”
Cómo se diferencian las células cancerosas de las sanas
Los investigadores creen que todo comienza con esos errores del DNA, también conocidos como mutaciones. Una célula cancerosa puede tener solo una o dos mutaciones, o puede presentar múltiples cambios que la diferencian de las células normales. Los cánceres más avanzados se desarrollan cuando se producen muchas mutaciones.
“El DNA prepara el terreno, pero también sabemos que existen todas estas otras capas y niveles de regulación”, afirma el Dr. Jenkins. Pueden producirse anomalías en muchas partes de una célula, como qué genes se activan o desactivan, o qué proteínas se producen.
En el nivel del DNA, las anomalías se dividen en dos categorías:
- Mutaciones impulsoras: Cambios que hacen que se forme una célula cancerosa y crezca sin control
- Mutaciones pasajeras: Cambios que se producen con el tiempo una vez que la célula ya es anormal
Mutaciones impulsoras
“Creemos que las mutaciones impulsoras ocurren un poco antes en el proceso y son las importantes”, afirma el Dr. Jenkins. Describe dos tipos generales de mutaciones impulsoras:
- Oncogenes: Estos genes mutan a partir de protooncogenes, que ayudan a las células a crecer y dividirse correctamente. Cuando se desarrolla un oncogén, activa señales para que las células cancerosas sigan multiplicándose.
- Genes supresores de tumores: Estos genes mantienen controlado el crecimiento celular, les indican a las células que crezcan más lentamente y provocan la muerte celular cuando es necesario. Incluso corrigen errores del DNA para ayudar a prevenir el cáncer. Sin embargo, las mutaciones impiden que cumplan su función.
Algunas células cancerosas surgen debido a cambios en los oncogenes, mientras que otras aparecen por problemas en los genes supresores de tumores. Si se producen ambas mutaciones, suelen dar lugar a cánceres de rápido crecimiento.
Una estructura en constante evolución
Por lo general, el cuerpo elimina las células cancerosas antes de que puedan causar un problema. “Solo cuando el cáncer logra escapar comienza a crecer sin control”, señala el Dr. Jenkins. “Cuando lo hace, creemos que tiene la capacidad, o al menos la posibilidad, de adquirir cambios adicionales que le dan una ventaja de crecimiento con el tiempo.”
Estos cambios pueden considerarse una forma de evolución. Las células cancerosas siguen desarrollando nuevas capacidades que les ayudan a adaptarse y sobrevivir.
“Solo se necesita una pequeña fracción [de células cancerosas] con capacidad para sobrevivir para crear muchos problemas en el futuro”, afirma el Dr. Jenkins.
Las células cancerosas causan todo tipo de destrucción, pero están genéticamente relacionadas con las células normales. Encuentran maneras de crear un campo de fuerza a su alrededor o colocar un marcador en su superficie que le indique al sistema inmunitario: “Oye, soy como tú; no me ataques.”
Russell Jenkins, MD, PhD
- Oncólogo, Mass General Brigham Cancer Institute
Un enemigo camuflado
Las células cancerosas que logran sobrevivir son especialmente difíciles de eliminar. Aunque los cánceres se vuelven más agresivos y anormales a medida que progresan, siguen evitando la detección. Logran atravesar los puntos de control del sistema inmunitario al disfrazarse de células normales.
“Las células cancerosas causan todo tipo de destrucción, pero están genéticamente relacionadas con las células normales”, afirma el Dr. Jenkins. “Encuentran maneras de crear un campo de fuerza a su alrededor o colocar un marcador en su superficie que le indique al sistema inmunitario: ‘Oye, soy como tú; no me ataques’”.
La naturaleza dañina de las células cancerosas
Todas estas características permiten que las células cancerosas actúen de manera diferente a las normales. Mientras que las células normales siguen un conjunto estricto de reglas para apoyar al cuerpo, las cancerosas solo se preocupan por sí mismas.
Ocupan espacio y presionan los vasos sanguíneos, los nervios y los órganos. Su crecimiento causa dolor y daño, e impide que el cuerpo funcione correctamente.
Por ejemplo, un tumor (masa de células cancerosas) cerca del ojo puede crecer y afectar la visión. Un tumor en el colon puede bloquear el conducto e interferir en la digestión. Las células cancerosas en la sangre se instalan en la médula ósea e impiden la producción de células sanguíneas sanas.
Tumores sólidos y cáncer metastásico
Algunos cánceres, como el cáncer de piel de células escamosas o basales, suelen crecer en una sola zona. Aunque no se propaguen, causan mucha destrucción.
“El cáncer primero arruinará su propio vecindario, luego su propio condado y después su propio estado, y causará problemas de forma más local o regional”, afirma el Dr. Jenkins.
Otros cánceres abandonan su lugar de origen y se propagan para invadir nuevas partes del cuerpo. Este tipo de cáncer se llama cáncer metastásico.
¿Cómo se propagan las células cancerosas?
Imagine una masa de células cancerosas: la bola sigue aumentando de tamaño a medida que las células crecen y se dividen para formar otras nuevas. Las nuevas células siguen desarrollando más cambios y proteínas anormales. Con el tiempo, algunas células adquieren fuerza suficiente para desprenderse y alejarse de la bola.
Estas células cancerosas pueden entrar en el torrente sanguíneo, que funciona como el sistema de carreteras del cuerpo. Viajan a otros órganos o invaden ganglios linfáticos cercanos, que el Dr. Jenkins compara con paradas de autobús a lo largo de la carretera. Solo una fracción de las células logra sobrevivir al viaje, pero prospera en el nuevo entorno.
“Parece que pueden llegar a algunas zonas por pura mala suerte”, afirma el Dr. Jenkins. “Pero, además de eso, algunos cánceres parecen saber realmente adónde van. Han descubierto cómo llegar a un lugar o, por alguna razón, son la semilla adecuada para un terreno determinado.”
Da el ejemplo de un cáncer que comienza en el colon. “Las carreteras están definidas anatómicamente, por lo que seguirá el suministro de sangre y llegará al hígado.”
¿Todas las personas tienen células cancerosas?
Las células desarrollan mutaciones todo el tiempo, pero los sistemas inmunitario y de reparación del DNA trabajan para mantener las anomalías bajo control. Sin embargo, algunas células cancerosas superan a los guardianes y comienzan a causar estragos. Que esto ocurra depende de muchos factores de riesgo, es decir, factores que aumentan la probabilidad de que una persona tenga cáncer.
“Creemos que muchos cánceres están relacionados con factores ambientales”, explica el Dr. Jenkins, “pero existe una gran interacción entre lo que sucede a nuestro alrededor y aquello con lo que nacemos.”